La muerte de Ezequiel Curaba, el joven que sufrió graves quemaduras mientras intentaba sustraer cables de alta tensión de una fosa de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) el pasado domingo, dejó al descubierto un delito que está provocando un “efecto contagio”. Según la EPE, detrás de estos robos hay “bandas organizadas con inteligencia e interconexión con otras provincias”, y que en este caso no se cumplió esa condición, sino que se debe meramente al contexto social en el que se crió el joven.
Verónica Geese, secretaria de Energía de Santa Fe, señaló que el robo de cables es un delito coordinado perpetrado por personas con entrenamiento y conocimientos específicos. Afirmó que la muerte de Ezequiel es una situación diferente pero derivada de una problemática que surge como resultado de las acciones delictivas de otros. “Se produce un efecto contagio cuando se percibe que se puede obtener dinero fácilmente”, explicó la funcionaria.
Continuando con su declaración, Geese enfatizó que lo sucedido con Ezequiel es una falla en su educación y formación, y que su caso no está relacionado con el gran delito de chatarra, robo de cables y el mercado negro de metales, que actualmente se ha convertido en una actividad delictiva lucrativa debido a los altos precios.
En respuesta a la situación, la EPE colaborará con el Ministerio de Seguridad para prevenir este tipo de delitos en áreas donde se pueda llevar a cabo inteligencia, especialmente en las grandes ciudades de Santa Fe. Geese destacó que detrás de estos robos hay bandas organizadas y que no cualquiera puede llevar a cabo estas acciones, también hay interconexión con otras provincias, como Entre Ríos. “Debe ser considerado como un delito organizado y económico”, detalló.
Según las estadísticas de la EPE, en 2023 hubo seis casos de personas fallecidas en circunstancias similares. El 11 de noviembre de 2023, un hombre murió por una descarga eléctrica mientras intentaba robar cables de la red de media tensión en una subestación transformadora en Avellaneda y Cisnero, en la zona sudoeste de Rosario. Durante ese año, la EPE registró 191 casos de electrocución en la provincia.